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domingo, 27 de septiembre de 2015

EL PROBLEMA DE TENER SIEMPRE LA RAZÓN...


No es lo que tu sabes lo que te lo que te
mete en problemas. Es lo que tu crees
saber con la absoluta seguridad y 
simplemente no es así.

A veces equivocadamente o no, intentamos
imponer nuestras ideas, dando por
hecho que las cosas se harán tal y
como pensamos, creyéndonos poseedores
del conocimiento exacto y de la verdad absoluta.

Pensar y actuar así, justificadamente o no, teniendo razón o no, puede llevar a provocar amargos y estériles desacuerdos entre familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Imponiendo nuestra opinión sobre la de los demás, haciendo oídos sordos a sus reclamaciones y reparos, ignorando sus comentarios al respecto y obstinándonos en lo que decimos, podemos ser victimas de excesiva confianza e ignorancia. Esa actitud puede llevarnos a hacer o decir ridiculeces y disparates sin vergüenza alguna: no sentimos vergüenza porque no nos damos cuenta de nuestra ignorancia, pensando que son los demás los ignorantes o equivocados. Se ha dicho que una persona educada reconoce lo que sabe y lo que ignora. Pero no es fácil, ni para las personas educadas reconocer nuestros errores o a veces, simplemente intentar comprender la opinión que creemos errónea.

Es bueno tener confianza en nosotros mismos, pero no por ello ser soberbias. Nosotras como todo ser humano, somos seres falibles, podemos equivocarnos. Y aunque tengamos razón, como pensamos tenerlo podemos actuar mal, soberbia y arrogantemente, haciéndose sentir mal u ofendidos aquellos con quienes estamos tratando. Eso no está bien.

En la vida hay que ir con seguridad, confiando en nosotras mismas... pero también con humildad, que todos nos podemos equivocar, nosotras también, y si no es en esto puede ser en otro tema, pero la forma en la que tratamos de convencer o hacer ver nuestros puntos de vista afectan a las relaciones con las personas que tratamos.

Si cometes un error, si estás equivocada en algo, no es un deshonor, ni te hace menos valioso. Por lo general respetamos más a quienes reconocen sus errores y está dispuesto a rectificar, que a quien siempre se sale con la suya, y parece que siempre tenga razón. Hay que saber reconocer que no somos infalibles, saber decir un simple "no lo sé o no estoy segura" cuando sea el momento de decirlo... o de no insistir intentando imponer nuestra razón cuando vemos que se ofenden y molestan por ello.

Sería bueno no sentirnos menos valiosas solo por reconocer nuestra ignorancia en un tema, intentemos se más flexibles en nuestras conversaciones, buscando no ofender ni imponernos, tener discusiones honestas y abiertas, manteniédonos humildes y reconociendo y aceptando que siempre habrá personas que saben más que nosotras y que no pasa nada por ello. Recordemos pues que no es lo mismo ser una persona grande , que una gran persona.


Autor: Amanecer cautiva del amor.

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